Para uno poder ser rescatado necesita confiar plenamente en el rescatista, pero hay ocasiones en que esto se hace muy evidente, como en el caso de unos niños en una cueva en Tailandia.
El 23 de junio de 2018, doce niños y su entrenador de fútbol fueron de paseo, después de la práctica de fútbol, a una cueva cercana llamada Tham Luang Nang Non. Justo después de haber entrado en la cueva comenzó a llover torrencialmente. Los doce niños y su entrenador quedaron atrapados adentro sin ninguna posibilidad de salir, porque las vías de acceso y los pasadizos de la cueva se habían inundado. Los chicos estaban en completa oscuridad y corrían el gran peligro de que el nivel de agua subiera más y murieran ahogados.
Cuando hablamos de salvación siempre nos referimos a que hay un peligro del cual necesitamos ser salvos. La Biblia habla mucho de este tema. El peligro en el que está todo ser humano es el pecado y sus consecuencias, la condenación eterna.
Todo ser humano se encuentra sin posibilidad alguna de llegar al cielo por sus propios medios, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 3.23; en tinieblas, porque “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”, Juan 3.19; y en peligro de morir eternamente, “porque la paga del pecado es muerte”, Romanos 6.23. Por eso, usted necesita ser salvo.
El rescate era una tarea extremadamente difícil debido a la oscuridad de la cueva y los pasadizos tan estrechos y con caudales de agua pantanosa. Se requería de buzos expertos que pudieran nadar en aguas turbias y turbulentas. El 2 de julio, uno de los rescatistas llegó donde estaban los niños, a casi cuatro kilómetros de la entrada de la cueva. La noticia trajo mucha alegría al mundo entero, pero mayor fue la alegría de aquellos niños al ver la luz del buzo en ese lugar tan oscuro, llenándolos de esperanza porque alguien había venido a rescatarlos. Uno de los videos muestra a uno de los niños con una enorme sonrisa, por la expectativa de que muy pronto estarían a salvo.
La Palabra de Dios dice claramente que la persona en sus pecados está perdida: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”, Isaías 53.6. También está “sin esperanza y sin Dios en el mundo”, Efesios 2.12. Por eso el Evangelio son buenas noticias, como aquella luz que nos da la esperanza de que alguien vino a rescatarnos. Jesús “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, Lucas 19.10.
El plan para rescatar a los que estaban atrapados en la cueva era que los niños estuvieran sedados mientras los buzos los llevaban a través de los canales angostos hasta un lugar seguro afuera de la cueva. Si estaban despiertos podían desesperarse y causar su propia muerte y la del buzo. Ellos tenían que confiar plenamente en su rescatista. Tampoco podían salir todos a la vez, sino uno por uno, ya que los tramos estrechos no permitían que pasara más de uno a la vez. Así fueron salvados los doce niños y su entrenador de aquella cueva oscura.
De la misma manera es la salvación del pecador. El Señor Jesucristo es el único que puede salvar. Él hizo todo en la cruz: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”, Romanos 8.34. ¿Se puede agregar algo más a lo que ya hizo Cristo? De ninguna manera. Para ser salvo, usted solamente tiene que confiar en Cristo y en la obra suficiente que Él hizo en la cruz para su salvación. Sus obras nunca lo ayudarán a salvarse. De hecho, si tuviéramos que agregar algo lo arruinaríamos todo, porque somos incapaces de salvarnos. Cristo es un poderoso Salvador, y Él ya hizo todo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3.15. “Todo aquel” indica que es algo personal. ¿Por qué demorarse más y correr el riesgo de perderse eternamente?
Todo está hecho. Confíe en Cristo; Él puede y quiere salvarlo.
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