Perdonado y Adoptado

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Culpable. Ese fue el veredicto del jurado para Takoya Criner en 2005. Este joven de 22 años fue declarado culpable de dos cargos de homicidio en primer grado por la muerte de Isaac Brown Jr. y Jeffrey Hicks, y más tarde fue sentenciado a cadena perpetua.

Tres años antes, Isaac y Jeffrey estaban jugando videojuegos en casa de un conocido. Los dos amigos se
encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado cuando llegó Takoya. Un negocio de drogas que salió mal tuvo un trágico desenlace.

Cuando Takoya cumplía su justa condena en el centro penitenciario de Cross City, Florida, en Estados Unidos, un día llegó uno de los guardias con el correo postal. Entre la correspondencia había una carta para Takoya que cambiaría su vida para siempre. El padre de Isaac, un condecorado agente de policía, le había escrito para decirle que estaba orando por él y al final agregó: “Necesito pedirte algo. Como extraño mucho a mi hijo, si fuera posible, me gustaría tratarte a ti como hijo mío”. ¡Qué noticia tan inesperada y asombrosa!

Lo que Takoya no sabía en ese momento era que algo extraordinario había ocurrido el primer día del juicio. Cuando el sargento Brown entró en la sala del tribunal y miró por primera vez al asesino de su hijo, lo amó. Era algo que no podía explicar y, a pesar de lo que había hecho, lo perdonó.

El padre biológico de Takoya nunca había tenido nada que ver con su hijo, por eso, aun antes de leer aquella carta, Takoya se echó a llorar. Conmovido y agradecido, reconoció que era una prueba contundente del amor y la gracia de Dios.

La respuesta de Takoya no tardó en llegar: “Apreciado Sr. Brown: Ahora sé que Dios existe. Usted me preguntó si me gustaría ser tratado como hijo suyo. Reconozco que en ninguna manera lo merezco, pero si usted desea recibirme, a partir de este momento usted es mi papá y yo soy su hijo”. Takoya aceptó el incomprensible amor del señor Brown, su perdón inmerecido y una nueva relación con él. No mucho tiempo después la adopción fue aprobada oficialmente.

Usted y yo tenemos que identificarnos con Takoya, porque hemos sido declarados culpables ante Dios. La Biblia dice que incluso “el que obedece todas las leyes de Dios menos una es tan culpable como el que las desobedece todas”, Santiago 2.10 NTV, y Dios “de ningún modo tendrá por inocente al culpable”, Números 14.18.

El veredicto es grave y la sentencia también, “porque la paga del pecado es muerte”, Romanos 6.23. Pero gracias a Dios, ¡hay buenas noticias para los pecadores culpables! “En su gracia, Dios gratuitamente nos hace justos a sus ojos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados”, Romanos 3.24 NTV.

El perdón que Dios ofrece no se trata solamente de quitar el castigo justo que merecemos por los pecados que hemos cometido contra Él, sino que Dios borra por completo el registro de nuestros pecados. Por eso, una persona perdonada por Dios puede ser aceptada por Él como si nunca hubiera cometido ningún pecado. Dios prometió: “Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”, Jeremías 31.34. Es un perdón incondicional y para siempre.

¿Cómo es posible? “Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados”, Efesios 1.7 NTV. El Señor Jesucristo pagó el precio completo de nuestra libertad. En la cruz, “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”, 1 Pedro 3.18.

Sea cual sea su pecado contra Dios, Él lo ama y le ofrece un perdón inmerecido, completo y gratuito. Además, le da la oportunidad de ser adoptado y recibido como hijo suyo. ¡Con razón la Biblia dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”, 1 Juan 3.1!

¿Aceptará usted este amor indescriptible que le ofrece el perdón de todos sus pecados y la bendición de formar parte de la familia de Dios, con la dignidad y los privilegios de un hijo?

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