Un corazón nuevo

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Gabriela Guzmán se estaba muriendo. Por varios años había padecido una insuficiencia cardíaca severa y, a pesar de tomar varios medicamentos, su condición seguía empeorando.

¿Cómo respondería usted si descubriera que padece una enfermedad fatal? Quizás no sufra una insuficiencia cardíaca, pero tiene un problema peor. Sin importar cómo se sienta usted, ni lo que piense de sí mismo, Dios declara la verdadera condición de su corazón: “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, Romanos 5.12. El diagnóstico es grave y el pronóstico, devastador.

Gabriela sufrió dos infartos y cayó en coma. Los doctores determinaron que la única solución era que recibiera un corazón nuevo. Así llegó su nombre a la lista de espera para trasplante de corazón.

Si usted piensa que puede reformar su vida por sus propios medios, o que puede llegar a ser lo suficientemente bueno como para ganarse la entrada al cielo, se llevará una trágica sorpresa en la eternidad y entonces será demasiado tarde. Jesucristo dijo: “Te aseguro que si una persona no nace de nuevo no podrá ver el reino de Dios”, Juan 3.3 NBV. La única solución es recibir un corazón nuevo.

Después de varios meses, Gabriela recibió la llamada tan esperada.

¡Había un corazón para ella! Esa noticia le trajo gozo y gratitud, porque entendía lo valioso que era ese regalo. Alguien iba a morir para que ella pudiera vivir.

Para usted y para mí hay una buena noticia también. Son “buenas nuevas de gran gozo”, Lucas 2.10, pero fue necesario que alguien muriera para que nosotros pudiéramos vivir. “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”, Romanos 5.6, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3.15.

El donante de Gabriela no escogió morir, ni lo hizo por ella. Pero “Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros”, Efesios 5.2. Él sí escogió morir voluntariamente en nuestro lugar y ahora “el regalo que nos da Dios es vida eterna a través de Jesucristo”, Romanos 6.23 NBV.

El 31 de octubre de 2007 el cardiólogo realizó el trasplante y Gabriela se despertó de la cirugía con un corazón nuevo. Usted también puede recibir un corazón nuevo hoy. La promesa es segura e inmediata: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”, Juan 3.36.

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