¡Se acaba el tiempo!

viaadmin Edición Actual, Español

¡Estaban enterrados vivos a más de 700 metros de profundidad! La situación de esos 33 hombres era incierta. La muerte podía llevárselos en cualquier momento y ellos lo sabían. Durante las primeras 48 horas, aquellos mineros atrapados por el derrumbe ocurrido el 5 de agosto de 2010 en la mina San José, en Chile, intentaron salir subiendo por una escalera de emergencia. Pero para su total consternación, pronto descubrieron que la empresa aún no había terminado de construirla.

Habiendo agotado todas sus posibilidades de salir, estaban conscientes de que su liberación dependía completamente de aquellos que estaban afuera. Y mientras los escasos alimentos y el oxígeno se iban acabando en aquel oscuro y abrumador encierro, su vida pendía de un hilo.

¿Ha pensado usted en la fragilidad de su propia situación? La Biblia nos recuerda que Dios “es quien da a todos vida y aliento… y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios”, Hechos 17.25-27. Pero ninguno de nosotros sabe ni el día ni la hora en que la muerte nos llegará. El rey David, reconociéndolo, dijo: “Apenas hay un paso entre mí y la muerte”, 1 Samuel 20.3.

Diecisiete días después del accidente, los rescatistas lograron hacer una perforación que permitió establecer contacto con los mineros. Para sorpresa y alegría del mundo entero, ¡todos seguían vivos! Las perforaciones continuaron durante más de un mes, hasta que finalmente el 13 de octubre quedó abierto el acceso a la superficie, permitiendo la extracción de los mineros en una cápsula individual. Así, uno por uno, aquellos hombres fueron librados de una muerte segura.

Quizás usted, ocupado en sus quehaceres y pasatiempos, se olvida que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”, Hebreos 9.27. Pero, gracias a Dios que, ante la realidad ineludible de la muerte, el Señor Jesucristo prometió: “Todo aquel que… cree en mí, no morirá eternamente”, Juan 11.26.

David, sabiamente, oró: “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy”, Salmo 39.4. Por eso, el tiempo de salvación es ahora mismo, porque “no sabéis lo que será mañana”, Santiago 4.14. Después podría ser demasiado tarde. No descuide la salvación de su alma. Este es un asunto urgente. Si usted muere sin el perdón de sus pecados, “¿cómo escaparéis de la condenación del infierno?”, Mateo 23.33.

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