Libre de verdad

viaadmin Edición Actual, Español

En el año 2009 todo parecía normal y tranquilo en mi vida. Jamás imaginé lo que estaba por ocurrir.

Una noche mi esposa y yo estábamos descansando en un hotel cuando fuimos secuestrados, junto con otras personas, por un grupo de delincuentes y narcotraficantes. Mientras nos llevaban a un lugar desconocido, yo podía escucharlos comentar que nos iban a mutilar. En ese momento sentí que allí terminaría mi vida, así que comencé a clamar a Dios para que me salvara de esa tortura.

Situaciones así nos hacen pensar con más seriedad sobre la realidad de la muerte y dónde estaremos en la eternidad. ¿Se ha preguntado usted cuál sería su destino eterno si llegara a morir hoy? Yo ya había escuchado que el Señor Jesucristo había muerto en la cruz, pero aún vivía en mis pecados y sabía que si moría en ese momento mi destino sería el infierno.

Después de unas horas amarrado de manos y pies, se me acercó uno de los secuestradores y, para mi sorpresa, me dijo: “Ya te investigamos y estás limpio. Te vamos a soltar”. Una vez libre, oré a Dios para darle las gracias. ¿Cuántas veces ha clamado usted a Dios para que lo ayude en un momento de angustia y luego se olvida de Él? Dios puede librarlo de situaciones difíciles, pero hay algo más importante de lo cual Dios lo quiere salvar: del poder y el castigo del pecado. “¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?”, Romanos 2.4 (NBLH). Aunque fui librado de esa horrible experiencia, estaba consciente de que había algo aún más serio e importante de lo cual tenía que ser librado.

Entonces comencé a buscar a Dios por medio de la Biblia. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Leyendo estos versículos en Juan 14.1,6 comprendí que el Único que me podía salvar era el Señor Jesucristo; ni mi religión ni mis buenas obras me llevarían al cielo. Al confiar en Cristo, Él me libró de la condenación eterna que merecía por mis pecados. Ahora soy salvo y sé que voy al cielo, porque Dios me da la seguridad por su Palabra. ¿Es usted libre?

R. B.
México

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