Un impresionante rescate

viaadmin Edición Actual, Español

Entre las muchas historias de rescates en las cataratas del Niágara, una de las más asombrosas es la que sucedió el 7 de octubre de 1973. Tres adultos jóvenes y un bebé de 18 meses estaban en una lancha en el famoso río Niagara, arriba de las cataratas, cuando la hélice chocó contra una piedra y el motor se apagó a unos 640 metros del precipicio.

Viendo que estaban a la deriva, rumbo a las cataratas, los tres adultos se bajaron de la lancha –uno de ellos sosteniendo en brazos al bebé– a las aguas turbulentas. Con el agua por encima de la cintura y luchando por mantenerse de pie en medio de las fuertes corrientes, observaron con impotencia cómo su lancha desaparecía en las cataratas. Así como ellos estaban en peligro por la corriente que los jalaba hacia la destrucción, la Biblia dice que nosotros estamos “muertos en vuestros delitos y pecados… siguiendo la corriente de este mundo… el camino que lleva a la perdición”, Efesios 2.1-2 y Mateo 7.13.

La salvación de la pena de nuestros pecados viene por medio de la fe en la inigualable capacidad de Dios para salvar
La policía trató de hacer un rescate aéreo usando un helicóptero turístico con dos oficiales a bordo. Mientras el helicóptero sobrevolaba a baja altura sobre las aguas, uno de los náufragos se agarró a uno de los patínes de aterrizaje, haciendo que el helicóptero perdiera el control y se estrellara en el río. El piloto y los dos policías lograron salir antes de que el helicóptero se incendiara. Increíblemente nadie resultó herido de gravedad, pero ahora las vidas de siete personas corrían peligro en las aguas del río.

Por intentar salvarse a sí mismo, aquel hombre empeoró la situación en vez de ayudar. Así es con el pecador; entre más procura salvarse, más lejos queda de la salvación. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”, Efesios 2.8-9. Tenemos que reconocer que todos nuestros esfuerzos por salvarnos son en vano. La salvación de la pena de nuestros pecados viene por medio de la fe en la inigualable capacidad de Dios para salvar.

Las autoridades entonces despacharon una lancha con tres oficiales a bordo en un segundo intento de rescate. Navegaron hasta los rápidos, pero también naufragaron cuando la hélice se quebró. Dos de los oficiales se lanzaron al agua y nadaron por la fuerte corriente hacia donde estaban los demás náufragos. Los dos intentos de rescate fallidos nos recuerdan que sólo Jesucristo salva, pues “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”, Hechos 4.12.

El otro oficial que se había quedado en la lancha fue arrastrado hasta unos 90 metros de las cataratas, antes de saltar para salvarse. Como pudo, se agarró a una rama que se extendía de la orilla. Entonces otros oficiales, formando una cadena humana, lo jalaron a tierra firme.

Los rescatistas, que continuaron trabajando para llegar hasta las nueve personas que seguían en peligro, finalmente lograron lanzar una fuerte “cuerda salvavidas” desde la orilla del río hasta donde estaban los náufragos. Casi 2 horas y media después del primer accidente, los nueve náufragos por fin pudieron atravesar las aguas turbulentas hasta la seguridad de la orilla, sostenidos por la fuerza de la cuerda.

Los débiles y desesperados náufragos fueron salvados gracias a aquella cuerda que fue puesta a su alcance. Pero hay una salvación aún más impresionante y costosa que esa, “porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”, Romanos 5.6. Aquellos hombres entendían el peligro de su condición y aceptaron la oferta de ayuda. La cuerda salvavidas era el único camino a la seguridad y era lo suficientemente fuerte como para rescatar al que quisiera ser salvo.

De tal magnitud fue el amor de Dios hacia nosotros que estamos en peligro debido a nuestros pecados, “que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”, 1 Juan 4.14. Para poder ser nuestro único medio de salvación, Cristo no arriesgó su vida simplemente, sino que “se dio a sí mismo en rescate por todos”, 1 Timoteo 2.6, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3.16. ¡Aproveche esta salvación que está a su alcance hoy y sea salvo eternamente!

Compartir