El hombre que rehusó la libertad

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El 26 de noviembre de 1829, George Wilson y James Porter asaltaron a un cartero y le robaron el correo. Después de un juicio, ambos fueron sentenciados a morir el 2 de julio de 1830. James Porter fue ejecutado, pero algunos amigos de Wilson abogaron por él ante el presidente de los Estados Unidos, quien le concedió un indulto presidencial. Inexplicablemente, Wilson se negó a aceptarlo. Por ser un hecho sin precedentes, los jueces tuvieron que deliberarlo y concluyeron que “un perdón es un acto de gracia… que exime al individuo… del castigo… por el crímen cometido”, y decidieron que “un perdón es un acto cuya validez depende de su entrega, y su entrega depende de su aceptación… si es rechazado no hay ningún poder en la corte para imponérselo”.

¡Imagínese tal rechazo! ¡Incomprensible! Quizás usted diga: ¡Yo nunca haría algo así!, pero si aún no es salvo, ya está rechazando el perdón más importante, el que Dios le ofrece. Es “un acto de gracia” porque no lo merece. Es gratis para usted pero costosísimo para Él. Para dárselo “Cristo padeció… por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”, 1 Pedro 3.18. Es un perdón regalado, si usted se arrepiente y lo acepta por fe.

Wilson no quiso aceptar el perdón y recibió la sentencia. Dios también respeta su libre albedrío. El que no quiera aceptar la salvación, la Biblia dice que “no verá la vida sino que la ira de Dios está sobre él”, Juan 3.36.

Posponerlo no suena tan mal, pero es fatal. Un rico hizo planes sin pensar en Dios ni en la brevedad de vida. Pensaba que contaba con “muchos años” pero Dios le dijo que “esta noche” sería la noche de su muerte (Lucas 12.19-20).

Usted puede seguir su vida sin Cristo, pero no quedará impune. “Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado”, Proverbios 5.21. Dios en su gracia le ofrece la libertad de sus pecados. Cristo fue clavado a una cruz para que usted pudiera ser “realmente libre”, Juan 8.36. “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”, Hebreos 2.3. Usted no necesita seguir siendo esclavo del pecado y de Satanás, ni mucho menos sufrir la condenación del lago de fuego. Acepte este perdón hoy mismo y regocíjese en tener libertad “por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”, Efesios 1.7.

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