¿Cuánto costó?

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En las encuestas sobre cuál es el presidente más importante de la historia estadounidense, Abraham Lincoln casi siempre gana el primer lugar. Una de las esculturas memoriales más impactante e iconoclasta es la de él en el Monte Rushmore. Más de dos millones de personas visitan este parque nacional cada año.

Desde el principio Lincoln se opuso a la práctica de la esclavitud en los Estados Unidos y un día historico, el 1 de enero de 1863, firmó la proclamación de emancipación de los esclavos. Con el tiempo, esto resultó en la liberación de millones de esclavos. Luego siguió luchando tenazmente por los derechos de ellos. Tristemente, tal lucha le ganó una bala en la cabeza en 1865. La libertad de otros le costó su propia vida.

La Biblia habla de una emancipación aun más grande, la del alma, de los pecados y del juicio que éstos le ameritan. Pero es imposible para los hombres. “Ninguno… podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)”, Salmo 49.7-8. Por eso se necesitaba que Cristo la obtuviera y, gracias a Dios, Él la obtuvo, pero a gran precio.

Este precio fue pagado por Cristo en la cruz, resultando en grandes bendiciones. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”, 1 Pedro 1.18-19.

Su valor imperecedero excede al de cosas valiosas pero pasajeras como el oro y la plata. En su esencia también las supera, porque la sangre habla de la vida que Cristo dio. Es superior en su ética, porque era sangre sin tacha y sin mancha. No se puede estimar su preciosidad porque su valor es infinito. Y es efectiva para la liberación de millones de personas de su esclavitud moral y religiosa, “de su vana manera de vivir”.

Usted no necesita seguir esclavizado a una vida tan triste. ¿Quiere ser libre? Cristo dijo: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8.36. A usted no le cuesta nada. Con arrepentimiento real y una fe sincera, descanse en este Libertador y su sangre derramada a su favor. Acepte ya esta gracia libertadora, y recibirá al instante la redención de su alma.

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